A. R. & Machines. El eco de la montaña mágica.

Die grüne reise

Die grüne reise, 1971.

He de reconocer que lo primero que pensé tras escuchar diez o quince minutos de Die grüne reise fue que había sido víctima de la vena más fenicia del amigo/disquero que me recomendó adquirirlo, para más inri en una reedición de dudosa ascendencia. Permití no obstante que el vinilo color verde bastardo continuase girando, exponiéndome a su espiral de aparente cacofonía. Empecé a simpatizar con él gradualmente, a medida que su carisma se hacía más palpable y su lenguaje más frondoso; tanto, que ya estaba enviando arrepentido un correo electrónico al mencionado dealer para agradecerle el consejo, cuando en ese preciso instante comenzó a sonar la última pista, «Wahrheit und wahrscheinlichkeit» («Verdad y probabilidad»), sutitulada con acierto «Un léxico para el autoconocimiento». Una verdadera revelación, el puro goce aplastando al raciocinio, escuchar como esta legión de homínidos cabalga a lomos del alcaloide definitivo, en un ultrasónico viaje hacia el simio interior.

Posteriores escuchas no hicieron sino activar un mecanismo de poderosa tracción y hambrientas fauces, una compulsiva dedicación que acapara tiempo y prioridades, deteniendo el curso normal de una rutina privada de fascinaciones. ¿Quién o quiénes eran A. R. & Machines? ¿De dónde venían? Me he afanado en buscar respuesta a estas preguntas, tratando de calmar la furia, que espero que en adelante sea compartida…

Achim Reichel en 1957. Foto: Hinrich Franck

Achim Reichel en 1957. Foto: Hinrich Franck

Achim Reichel nace el 28 de enero de 1944 en Wentorf bei Hamburg, municipio satélite a 20 km de Hamburgo, en el seno de una familia de tradición ligada al mar. Tanto su padre como su madre trabajaban como camareros de barco. Pasa su infancia en St. Pauli, el barrio alegre y artístico por excelencia en la Hamburgo de posguerra, donde cumple con sus estudios primarios. Poco después, con dieciséis años, se enrola como camarero en un buque, buscando repetir el patrón familiar con su destino. Algo que no sucederá de momento, ya que su pasión por los discos y las guitarras le llevan en 1961 a formar The Rattles, combo que lidera como vocalista y guitarrista junto a Volker Reinhold (guitarra y voces), Herbert Hildebrandt (bajo y voces) y Dieter Sadlowsky (batería, reemplazado por Reinhard «Dicky» Tarrach en 1963). Inicialmente sin pretensiones, tocando en clubs de juventud y básicamente donde les llamasen, en poco más de un año se alzan con el primer premio del concurso organizado por el emblemático Star-Club, distinción hasta entonces reservada a conjuntos internacionales. Durante esta época traban amistad con unos por entonces desconocidos Beatles, compartiendo tablas y nocturnidad. En 1963 tiene lugar su primera gira inglesa, acompañando nada más y nada menos que a Little Richard, The Everly Brothers, Bo Diddley y los Rolling Stones; al año siguiente repetirían, codeándose esta vez con Joe Cocker, Eric Burdon y de nuevo Rolling Stones. El repertorio es eminentemente beat, incluyendo en el mismo los habituales top 40s —«Johnny be good», «Zip-a-dee-doo-dah», «Twist and shout», «Da doo ron ron», «Spanish Harlem», «Bo Diddley», etc.— que también usan como caras B de algunos de sus singles, y temas propios compuestos entre Reichel y Hildebrandt. Un calco del sonido merseybeat ejecutado con pericia y entusiasmo que les reportaría un éxito masivo en Alemania.

Los Rattles con los Beatles

Rattles y Beatles

Allí publican bajo el auspicio de Phillips, Ariola y el propio sello del Star-Club, mientras que en Inglaterra cuentan con el apoyo de Decca y Fontana. A pesar de sus incursiones en territorio inglés y el gran éxito cosechado nacionalmente, The Rattles se estancarían en su condición de conjunto alemán, traspasando a duras penas las fronteras británicas y holandesas con sus grabaciones, logrando tan solo dos escuetas reseñas en NME y por supuesto ningún rédito en listas foráneas (años después, la tercera encarnación de The Rattles se sacaría la espina, alcanzando el número ocho en las listas de Reino Unido con «The witch»). Tras seis años The Rattles habían alcanzado excelentes cotas de calidad a ritmo feroz, publicando 18 singles, 6 LPs (uno de ellos compartido con The Searchers) y 5 EPs. En 1967 Reichel abandona tras ser llamado a filas, dando al traste con la primera formación de The Rattles. Gozarían sin embargo de una épica despedida: Los Beatles no se olvidan de sus antiguos compañeros de escenario y los eligen como teloneros en su etapa más faraónica en directo, durante la gira alemana de 1966.

Más adelante Reichel declararía que durante su servicio militar se aprovechó su nombre y su imagen para edulcorar la reputación del estamento castrense, viéndose instado a participar en formaciones musicales y a grabar vídeos como el anterior. Tras licenciarse como sargento en 1968, Reichel evita conflictos con The Rattles, que ya habían rehecho su formación, y efectúa su rentrée en el pop a través de Wonderland, conjunto que crea junto a Frank Dostal, quien fuera breve sustituto del propio Reichel en The Rattles, y que pronto se convertiría en un fiel asociado (en este vídeo de 1969 ambos se despiden de un quebrado Star-Club que los acogería en una última actuación junto a Kuno Dreysse); Les Humphries, multiinstrumentista londinense afincado en Hamburgo, posteriormente núcleo gravitatorio de los superventas verbeneros Les Humphries Singers, aportaría sus dotes al teclado; Reinhard «Dickie» Tarrach, batería proveniente también de The Rattles; y Helmuth Franke al bajo, guitarra, sitar y labores de producción. En esta formación, que tan solo publica 4 singles, Reichel cede la voz principal al amplio registro de Dostal. Mantiene no obstante el cetro compositor, virando hacia un pop comercial pero articulado con algo más de ambición…

No solo con el wah-wah, los experimentos de Reichel se extienden probablemente también hacia el cannabis, como se deduce de estas declaraciones recogidas en 1996: «Las bandas que tocaban en tercer lugar en el Star-Club, de 2:00 a 4:00 y de 4:00 a 6:00 de la mañana usaban Preludin o Captagon [compuestos anfetamínicos] contra la fatiga. Estos medicamentos los prescribían médicos de cabecera, sin objeciones. Para nosotros no eran “droga”, este término no surgió hasta la llegada del hachís. No fue hasta más tarde, alrededor de 1968, cuando se empezó a combinar Captagon con cannabis».

Se suceden giras con Bee Gees, Deep Purple y The Nice, pero el proyecto sigue sin cuajar y en 1970 deserta todo el grupo a excepción de Reichel y Dostal, quienes rebautizan el proyecto como Wonderland Band y publican el único LP de la era Wonderland: Wonderland band no.1 (Polydor, 1971). Descuidado e irregular, parece corresponder más a un contenedor de ideas desechadas y juegos de estudio que a un álbum serio, aún con posibles singles como «I make music» o «Heya, donna laya». Plagian Atom heart mother en algunos pasajes («The liberal John F. Baverstock»), amalgaman hard y progresivo con pre-glam, dejando para el final «The hill» un obelisco prog de oscuros volúmenes, quizá lo más interesante del LP, que se alza sobre la poderosa voz de Dostal y unas tenebrosas líneas de bajo.

El nuevo interés de Reichel por Oriente, probablemente acrecentado tras un encuentro con Ravi Shankar en 1970, pero sobre todo un confeso hastío por su fama de teen idol lo apremian a dar un vuelco definitivo a su carrera. Renovarse o morir, sí, pero también crecer, explorar… viajar. Fue en ese momento cuando comienza su experimentación con el LSD.

Estaba probando unas cosas con la guitarra cuando, sin previo aviso, el Akai X-3300(*) empezó a replicar cascadas infinitas de ecos de guitarra. De pronto mi guitarra sonaba como diez guitarras.

—Achim Reichel

Sí, la pluma también moldea al escritor. A menudo relegada a una posición subalterna bajo el poderoso mito de las substancias psicoactivas, la interacción con la tecnología engrana, junto a las tensiones intergeneracionales y a las mencionadas substancias, el eje principal de la evolución estético-sonora que propulsa el molino industrial de la música popular. No sabremos qué es eso que estaba probando Reichel, pero sí que este accidente con la pletina Akai tuvo mucho que ver con la gestación del sonido nuclear que marcaría los seis álbumes de la singladura de A. R. & Machines («Achim Reichel y Máquinas»).

En efecto, los ecos de cinta sobrevuelan intensivamente casi todas las estancias de Die grüne reise (El viaje verde, título interpretado por algunos como referencia a la marihuana), un ejército de reverberaciones que anuda entre sí los leivmotivs que lo componen. Acompañadas de una percusión primaria (en muchos momentos unos simples bongos) y con una puntual ornamentación de electrónica primitiva, las recurrentes líneas de guitarra se acoplan entre sí una y otra vez como implacables cánones, alicatando con sus filigranados ribetes la evocadora voz de Reichel, clonada asimismo en los ubicuos cabezales. Los pocos riffs de acordes que hacen aparición son blandidos como juegos de espejos, parodias lo-fi de hard rock («Im selben boot»), blues («A book’s blues»), que transmutan en irreales invitados a este aquelarre. «Come on, people», el single extraído junto a «I’ll be your singer, you’ll be my song», es quizá el único tema que se zafa de la demencia general, acústico mantra con el que retomar tierra firme. No por mucho tiempo, ya que le sigue la antes mencionada «Wahrheit und wahrscheinlichkeit», vórtice de 12 minutos (muy por encima de la media de 2-3 minutos del resto de canciones) que cierra de forma salvaje el ya de por sí monumental cuelgue.

A la grabación, efectuada en tan solo dos días de agosto de 1970 en los estudios que la Deutsche Grammophon poseía en Hamburgo, son invitados dos percusionistas, Dicky Tarrach (de Wonderland y The Rattles) y Hans Lampe. La otra gran colaboración es la de Frank Dostal, que aporta todas las letras. Aparte de eso, quedaba claro que este «viaje» era unipersonal. En esta primera jornada Reichel cruzaba decidido la muga entre el comercio al por mayor y el underground más kamikaze. A la otra orilla le aguardaba, como veremos a continuación, la ignominia de la prensa, el rechazo de público y discográficas. Un hiriente laberinto de zarzales que atravesó fiel a sí mismo, con aplomo germánico.

Come on, people

Portada de «Come on, people», single extraído de Die grüne reise.

«Fue la primera vez que me permití una libertad artística sin barreras. Tenía que romper con las limitadas fronteras musicales», diría más tarde Reichel. La época era la apropiada, ciertamente, para esta anomalía genuinamente setentera —difícil concebir un éxodo similar en las estrellas pop actuales—. Eran años indómitos aún en la industria, previos a la uniformidad con que el imperio de lo material conquistaría todas las esferas del proceso, desahuciando la libertad creativa en las cumbres del negocio. Una rockstar gozaba de mayores licencias, o al menos de mayor margen para reconducir su carrera. Por otro lado esta libertad, aunque saludable, no garantizaba ningún apoyo. Los medios alemanes más enrollados e influyentes de la época, Sounds y Musik Express (más o menos los equivalentes a nuestros Vibraciones y Popular 1, respectivamente), recibieron a Die grüne reise con poca alegría. Publicado (calculamos) en la primavera de 1971, Musik Express ni siquiera lo reseñaría, y Michael Wallossek se lo cargaba con saña desde el número de abril de Sounds, asignándole una puntuación de 4 (la más baja) que según el código de la sección de reseñas significaba «aburrido»:

Es un conglomerado de electrónica a medio hacer, un paso hacia el rock progresivo que no puede ser tomado en serio. Cualquiera que escuche el disco por primera vez no debe dejarse intimidar por esos extraños sonidos electrónicos y percatarse de la pieza barata que tiene delante. […] No sabe manejar sus aparatos, a veces parece una mala imitación de Pierre Henry.

Tampoco escapa Dostal(**) a las mofas, sus textos son también diana del crítico:

«I’ll be your singer» es un plagio verdaderamente ridículo de dos estándares del pop «I’m the walrus» de los Beatles y «Let me try» de los MC5».

Por si quedaba alguna duda, era despachado finalmente con un despiadada sentencia y aires de epitafio: «Un disco para quinceañeras de la Bravo». En el mismo número se elogia a Amon Düül II con su Tanz der lemminge o a Soft Machine y su cuarto volumen. Discos (y sobre todo artistas) que desde su ámbito editorial no suponían ningún riesgo. Más bien al contrario, Reichel casi incitaba a ser víctima de flagelo tratando de internarse con su clamoroso historial schlager en el autárquico terreno del underground alemán, donde la credibilidad es moneda única y simpatizar con el exterior es como simpatizar con el antiguo régimen, tal y como se menciona en el documental Krautrock: The rebirth of Germany. No cabe otra explicación a semejante miopía.

[Wonderland] nunca fuimos reconocidos como un grupo underground porque veníamos de tener éxitos pop. Pero el público no se daba cuenta que de hecho mentalmente nos movíamos ya en otra esfera. «Oh, los poperillos ahora nos quieren vender esto —decían—, no tienen credibilidad». Exactamente así es como se reaccionó tras la publicación del primer LP en solitario, Die grüne reise. ¡Maravilloso! Recientemente he vuelto a leer la crítica de Sounds, ¡qué preciosidad! Un destrozo absoluto.

—Achim Reichel en Sounds, 1977.

A. R. & Machines en el Ernst Merck Halle de Hamburgo

A. R. & Machines en directo en el British-German Pop Meeting, celebrado el 18 de septiembre de 1971 en el Ernst Merck Halle de Hamburgo. Foto: Heinrich Klaffs.

Tras los explosivos hallazgos plasmados en Die grüne reise, Reichel trataría de mejorar aspectos técnicos de la grabación e incluir otros elementos, no siempre desarrollando su sonido con el mismo acierto. En Echo (1972), segundo LP del proyecto, los temas se alargan hasta una media de 15 minutos, conformando un álbum doble de casi una cara por tema. Es en efecto una sofisticación del método, donde el eco de cinta pasa a ser un elemento más. Sus castillos flotantes ahora se erigen sobre arreglos orquestales, instrumentos de viento y estructuras más genéricas, virando hacia el jazz rock. Las guitarras de Reichel, emborrachadas aquí de eco y phasing, suenan narcóticas como cepos bañados en morfina. A pesar de los recursos técnicos, en las jams de Echo se echa en falta la frescura y fuerza de Die grüne reise. Quizá sea el precio de trabajar en formato de banda, aunque a cambio se obtiene un vasto territorio instrumental en el que perderse. Mi tema favorito es sin duda es la última pieza, «Das echo der vergangenheit» («El eco del pasado»), donde tras una introducción deliciosamente envolvente de clarinete (que también se desdobla onírico al penetrar en el reino machiniano), Reichel vuelve a dar rienda suelta a una de sus inefables sinfonías bucales, exhalando retazos de subconsciente, mitos y sensaciones perdidas, para terminar con unos levitantes pasajes orquestales envueltos en reverb que reinterpretan los temas principales del disco, antes de dar paso a una etérea despedida.

Echo

Echo, 1972.

Como decíamos, en las sesiones de Echo crece el número de invitados. Además de Jacobsen participa Jochen Petersen al saxo —que se convertirá en colaborador habitual tanto en estudio como en directo—; Helmuth Franke (de Wonderland) a la guitarra; Arthur Carstens al arpa bucal; Kalle Trapp, Rolf Köhler y Lemmy Lembrech a la percusión (este último también en labores de batería); Matti Klatt a las voces; y repitiendo papel Hans Lampe, Dicky Tarrach y Frank Dostal (percusión, batería y letras respectivamente). Los arreglos de orquesta van a cargo de Peter Hecht.
No parece que hubiera mucho contacto entre el «círculo de Hamburgo» frecuentado por Reichel y la nueva escena alemana de Berlín, Düsseldorf, Colonia o Munich. Quizás fuera este aislamiento una papeleta más para su ostracismo musical. Sin embargo, un invitado de excepción participa en Echo, Klaus Schulze (batería y teclista de gigantes como Tangerine Dream, Ash Ra Tempel, Cosmic Jokers) aporta su voz en algunas pistas. Esto marcaría la primera interacción de Achim con el núcleo duro de la escena krautrocker, viendo validada su propuesta ante los más puristas. ¿Qué diría ahora la prensa?

La reseña en Sounds es extensa, pero no replantean su postura. Se malinterpreta una vez más a A. R. & Machines, tildándolo de plagio de Amon Düül, Pink Floyd y Peter Green (su The end of the game estaba reciente), de disco para snobs del rock progresivo y de obra barata, aburrida y decepcionante, para acabar mofándose de nuevo de las letras (¿realmente importan los textos en esta música tan basada en ambientes e instrumentación?). No obstante aprueban el disco de Propeller, un modesto proyecto de hard rock que Achim comparte con otros músicos por esas mismas fechas, instando a Reichel a que se decida por uno de los dos caminos en esta, en su opinión, crisis de identidad.

Achim Reichel en 1972

Achim Reichel en 1972. Foto: Arthur Jens.

AR3

AR3, 1972

Tras estos dos LPs, presumiblemente por ausencia de ventas y fe en el proyecto, A. R. & Machines es relegado a Zebra, subsello de Metronome, a su vez filial de Polydor. ¿Qué dirían sobre Achim en los pasillos de la emergente multinacional germana? Nada bueno seguramente. Aún así su próximo LP no se demora, apareciendo también en 1972. AR3 abre con un sabor a blues rock cósmico del que se impregnarán varios de sus temas. Su segundo corte, el magmático «Tarzan’s abenteuer im sommerschlussverkauf» («Las aventuras de Tarzán en las rebajas de verano») instaura este nuevo y dúctil estado de la materia en la particular física de A.R. Machines, jams más concretas y agresivas. Con pequeñas dosis de la vanguardia tribal de Die grüne reise disueltas en el generoso caldo prog rock de Echo, AR3 es un disco más de canciones, alcanzando sublimes momentos melódicos como el de «Die eigentuemer der welt», seguramente la mejor composición de A. R. & Machines desde el punto de vista más tradicional, en la cual Reichel se lanza sin redes a interpretar un laberinto de estrofas, puentes y estribillos, evocando en su torrencial vehemencia las sensibilidades del Dylan de Blood on the tracks, el Roy Harper de Folkjokeopus y el Kevin Ayers de Whatevershebringswesing.

Si bien la reducción del minutaje medio de los temas es sustancial, tres de ellos sufren demasiado este recorte: «10 jahre lebenslaenglich», «Wie ich mir, so ich dir» cuyos desarrollos prometen más de lo que se les permite enseñar, y la que cierra el disco «Alles geht nach goa» donde un sideral duelo de sitar y guitarra con eco hace volar la imaginación hacia lo que hubiera sido posible de haber dispuesto Reichel tiempo ilimitado.

A. R. IV

A. R. IV, 1973

También en Zebra pero ya en 1973 se publicará A.R. IV. Grabado en los estudios Windrose-Dumont-Time de Hamburgo (al igual que los dos primeros álbumes de Neu!, el Kangüru de Guru Guru o el Supernova de Ibliss), en él tiene lugar un ya articuladísimo discurso. Las máquinas, calientes y engrasadas, ejecutan indesmayables las dos suites (una por cara) en que se divide el disco, «Vita» y «Aqua», suerte de jams donde tanto la flauta como los metales vuelven a cobrar protagonismo, completando el reenfoque hacia el jazz rock que comenzó en Echo. En este capítulo le acompañarán músicos como Hans Hartmann al bajo, Hans Boche y Churchill Jolobé a la batería, Claus-Robert Kruse al piano eléctrico, Helmut Franke a la guitarra; Matti Klatt, Carsten Bohn y Olaf Casalich a la percusión; Frank Wulf en el sitar y Jochen Petersen desdoblándose en flauta y saxo soprano; Conny Plank y Wolfgang Klaus a los controles y, por último, Achim Reichel presidiendo la mezcla y la producción en general, además de grabar sus partes de guitarra y ecos.

Erholung

Erholung, 1974

Ese mismo año se registran dos conciertos. El primero de ellos tiene lugar el 4 de agosto en el Fabrik de Hamburgo. Esta grabación autoproducida bajo el nombre de Gorilla Musik se publicará oficialmente al año siguiente (o en 1975, según la fuente consultada) con el título de Erholung («Reposo») en el capital sello hamburgués Brain, subsidiario al igual que Zebra de Metronome-Polydor y hogar de Neu!, Cluster, Guru Guru, Amon Düül, Harmonia, Embryo y un largo etc. Acompañado de Peter Franken a la batería, Olaf Casalich a la percusión y Jochen Petersen al saxo soprano, flauta y maracas, Achim demuestra lo aprendido en una notable actuación, sutil, desnuda, bella y frágil, ornamentada por sonidos de naturaleza pregrabados. No es fácil determinar cuál fue el grado de libertad con los efectos pero, como el mismo Achim dijo, su voluntad era probar a los escépticos que su música no era un mecanizado de estudio, sino que sus «meditative rockimprovisationen» se podían interpretar en vivo. Hemos de pensar por tanto que, aunque hay pequeños pero evidentes añadidos, la cualidad live del concierto es mayoritaria. Será esta la última referencia de A. R. & Machines, no sin embargo su última grabación. Antes tendrá tiempo de registrarse un nuevo concierto y un último LP de estudio.

A. R. & Machines en directo

A. R. y las «máquinas» en vivo. De izquierda a derecha: Jochen Petersen, Olaf Casalich, Peter Franken (oculto tras la batería) y Achim Reichel.

Emitido en directo el 20 de octubre de 1973 desde la sede central de la WDR en Colonia, dentro de su programa «Nachmusik», el show radiofónico dedicado a Achim Reichel es el directo más puro de que se dispone y la más reciente adición al corpus machiniano, viendo la luz como bootleg en 2007, y de nuevo en 2009 con mejoras de sonido. Similar en desarrollo a Erholung, la ejecución es intachable, dispuesta en tres improvisaciones intercaladas por comentarios moderados por Winfried Trenkler, histórico crítico de progresivo y electrónica en la emisora, e incluso un pequeño clinic sobre la utilización del eco. Trenkler anunciaba la actuación en el diario coloniense Kölner Stadt-Anzeiger: «Después de un tranquilo retiro a finales de los años 60 y principios de los 70, [Reichel] se ha convertido de nuevo en uno de los músicos más originales y una de las mentes más brillantes de la escena pop alemana».

Autovision

Autovision, 1974

Poco después vendría un último esfuerzo en los DG Studios de Hamburgo: Autovision (Zebra, 1974). Dejando de lado —al igual que en Erholung— el seudónimo de A. R. & Machines al firmar el disco como Achim Reichel, Autovision es sin embargo un trabajo continuista, un álbum donde Achim echa el resto y convida al oyente a otra barra libre de jazz rock, jams instrumentales, improvisación, orgánicos subidones e introspectivos bajones. Al igual que en los últimos directos, le acompañan Peter Franken a la batería (y vibráfono en un tema), Jochen Petersen al saxo soprano y clarinete, y Olaf Casalich a la percusión (maracas, pandereta, campanillas, mridangam), a los cuales se une Claus-Robert Kruse a los teclados (órgano, mellotron, piano eléctrico). La ejecución es maestra en las jams, sobresaliente la sección rítmica y los vientos, en su mayoría de doble lengüeta, confiriendo al disco un aura oriental. Cansado de textos, esta vez Reichel perpetra un álbum mudo, completamente instrumental. El tono va desde las vibrantes multiinstrumentales «Tanz Der Voegel In Den Winden» y «Eisenpferde» hasta la monótona «Jay guru dev» un descriptivo mosaico de pistas de guitarra.

—¿Las drogas influyeron, te hicieron más creativo?

—Llevé a cabo lo que realmente significa la creatividad. Sin embargo, las drogas se convirtieron en un callejón sin salida. Escuchaba discos, tocaba la guitarra e ingeniaba auténticas locuras. Me di cuenta que había un montón de gente que no me entendía y con la que me llevaba fatal. Quería salir de allí. Pero no podía, necesitaba algo con lo que sustituir a la droga. Así es como llegué a la meditación. (…) Recibía visitas de amigos y ¿qué es lo primero que hacían? Prepararse una pipa. Era difícil decirles «Mira, eh, adelante, pero prefiero estar al margen». Pasó mucho tiempo hasta que la gente lo aceptó.

Entrevista en Sounds, 1978.

Este cambio de perspectiva a través de la meditación, dejando atrás las drogas psicodélicas, comenzó durante la producción de Autovision y marcó un nuevo punto de inflexión en su carrera, un giro hacia la música tradicional que comenzaría en Dat shanty alb’m y que sería el pistoletazo de salida de una exitosa carrera en solitario. En Autovision, Reichel cierra con «Kopf in den wolken beine auf der erde» una brevísima pieza de armónica (con eco, cómo no) interpretada por él mismo, que parece preludiar este viraje hacia el folk germano y la tradición marina; una vuelta a las raíces que recuerda mucho a la de la mayoría de artistas psicodélicos de los 60. Sea como sea, poco quedaba ya a estas alturas del poderoso lenguaje que aún hoy mana subyugante de Die grüne reise.

Inventions for electric guitar

Manuel Göttsching — Inventions for electric guitar (1975).

Las influencias que este periodo artístico de Reichel produjo son, como sus seguidores, escasas y difíciles de rastrear. Quizá la más evidente es la proyectada sobre Manuel Göttsching, guitarra de Ash Ra Tempel, en su primer disco en solitario (aunque sobretitulado Ash Ra Tempel VI), Inventions for electric guitar (Kosmische Musik, 1975). Tres extensas piezas en las que la guitarra con el caracterísico eco de A. R. & Machines es protagonista, demostrando una vez más el aprecio que existía en el seno de Ash Ra Tempel hacia el proyecto de Reichel. En el mismo sentido, las notas interiores de la reedición de Die grüne reise parafrasean (y son con frecuencia reproducidas de este modo en Internet) unas supuestas declaraciones de Brian Eno en las que afirmaba haber tomado este disco como fuente de inspiración principal para su Another green world (y de ahí el «verde» que aparece en ambos títulos). Con todos los respetos para el fallecido firmante, Jörg Gülden, dichas declaraciones no solo no aparecen en ninguna fuente oficial de Brian Eno referente a Another green world —y no es que sean precisamente pocas—, sino que además no se sostienen para cualquiera que haya escuchado ambos discos con cierta atención.
Fuera de Alemania, por tanto, el influjo es imperceptible. Como anécdota, en mayo de 1974 se anunciaba desde Billboard la única inclusión de A. R. & Machines (con Autovision) en algún tipo de lista: la selección FM Action Picks de dicha publicación. Esto significa que dos emisoras perdidas (una en Ohio, la otra en Virginia) se aventuraron a pinchar Autovision durante algunas semanas.

Hay que subrayar el hecho de que si sus discos atravesaron fronteras alguna vez fue a través del mercado de import. Ni en su momento ni en las reediciones posteriores (a finales de los 90 y mediados de los 2000) las casas discográficas se han molestado en promover una licencia extranjera, no digamos ya una edición internacional. Seguramente  el carácter de Reichel, poco dado a mirar atrás, es el motivo del desdén y escasez con que se han programado. Ediciones en CD con tufillo a pirata, agrupando dos álbumes en uno y recortando los temas, esa es la tónica general en la recuperación de su catálogo. La única reedición oficial es la antes mencionada de Die grüne reise publicada por el propio sello de Reichel, Tangram, en 2007. Su cuidada presentación incluye un DVD con un montaje en vídeo creado por estudiantes de la universidad Ostwestfalen-Lippe de ciencias aplicadas, que trataron de realizar la película imaginaria para la cual, diría Reichel, se había escrito Die grüne reise. Nada aporta a la reedición esta curiosidad, que no se acerca al referente sonoro ni en estética ni en excelencia. Reedición, por otro lado, que no respeta el tracklist original (separando algunos temas y uniendo otros) y que, para más confusión, ni siquiera aparece en su web. Sí lo hace la única fuente adicional de material machiniano autorizado, Echos aus zeiten der grünen reise (Polydor, 1998, ya descatalogada), que compila aquí y allá temas sueltos de sus seis álbumes.

Portada de Sounds, diciembre de 1977.

En la portada de Sounds, diciembre de 1977.

Tampoco los medios de comunicación establecidos han revisado en demasía su postura (o simplemente adoptado una cualquiera). Hasta que no aparecieron las nuevas ediciones nadie, ni siquiera en el totémico Krautrocksampler, se ocuparía del asunto como es debido (luego se resarciría Cope en su sitio web). Después son pocos los que lo hacen. Un ejemplo, el prestigioso diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, que alaba el trabajo de Reichel hasta el punto de declarar que «formaciones musicales como Tangerine Dream o Kraftwerk perfeccionaron un sonido, del que Reichel fue uno de sus primeros pioneros». Record Collector iría incluso más allá: «El resultado es tan brutal que mis facultades como crítico se ven erosionadas. [Die grüne reise] es [un disco] jodidamente mayúsculo. Es tan fascinante como Neu! y posiblemente mejor, si nos atrevemos a lanzar ese guante».

Prensa aparte y visto lo visto, si queremos ver conservado como se merece el legado de A. R. & Machines, solo cabe esperar que a alguien de Polydor, o quien sea que rija en este asunto, caiga en la cuenta de que el krautrock y el vinilo, aun como bromas posmodernas, venden.

Allvoxman.

Discografía

Como A. R. & Machines:

  • Die grüne reise (LP; Polydor, 1971)
  • Come on people / I’ll be your singer, you’ll be my song (single; Polydor, 1971)
  • Echo (doble LP; Polydor, 1972)
  • AR3 (LP; Zebra, 1973)
  • A. R. IV (LP; Zebra, 1973)

Como Achim Reichel (periodo A. R. & Machines):

  • Autovision (LP; Zebra, 1974)
  • Erholung (LP; Brain, 1975)

Recopilatorios:

  • Echos aus zeiten der grünen reise (CD; Polydor, 1998)
  • Echo / A.R. IV (CD; New Amos, 2005)
  • Die grüne reise / Erholung (CD; Melting Pot, 2006)

Bootlegs:

  • Nachtmusik (FLAC; 2006, grabado en directo en 1973)

Temas recomendados

  • «Globus [Die grüne reise]
  • «Schönes Babylon» [Die grüne reise]
  • «Als hätt ich das alles schon mal gesehen» [Die grüne reise]
  • «Cosmic vibration» [Die grüne reise]
  • «Wahrheit und wahrscheinlichkeit» [Die grüne reise]
  • «Das echo der vergangenheit» [Echo]
  • «Tarzan’s abenteuer im sommerschlussverkauf» [A. R. 3]
  • «10 jahre lebenslaenglich» [A. R. 3]
  • «Die eigentuemer der welt» [A. R. 3]
  • «The man in kidleather» [A. R. 4]
  • «Thin is the skin of ecstasy» [A. R. 4]
  • «Eisenpferde» [Autovision]
  • «Tanz der voegel in den winden» [Autovision]
  • «Atomsphaere» [Erholung]
  • «Erholung» [Erholung]
  • «Meditative rockimprovisationen 2» [Nachtmusik]

Otras escuchas recomendadas

  • Manuel Göttsching — Inventions for electric guitar (Kosmische Musik, 1975)

Notas:

(*) Es muy probable que Reichel se refiera al modelo X-330D en lugar de al X-3300, que según los catálogos de Akai no existe, ya que la «D» impresa en el aparato es muy similar a un cero.

(**)  Futuro letrista de la archifamosa «Yes sir, I can boogie» de Baccara, que vendería más de 2 millones de copias solo en Alemania.

Fuentes:

Sounds, AchimReichel.de, Record Collector, HeadHeritage.co.uk, Kokain in der musik: Bestandsaufnahme und analyse aus kriminologischer sicht (por Wolf-Reinhard Kemper), Discogs.com, Wikipedia.

Agradecimientos: A. Hormeño, Axel Reisenhofer, Jurek Sehrt.

3 pensamientos en “A. R. & Machines. El eco de la montaña mágica.

  1. nico..

    espectacular las reseñas!! que linda manera de comentar sonidos. A. R. & Machines me arranco la cabeza de un principio, una lastima lo dificil que es conseguir sus discos.
    saludos

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